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Necesito un amiguito
Jairo (geniale)

Muchos tipos de animales se habitúan a la soledad, como un añadido absurdo a su existencia. En el mundo marino hay distintas variedades de peces que solamente buscan compañía en el momento clave de la preproducción, para después regresar a esa ruta natural que los obliga a vivir aislados y sin ningún tipo de contacto “social”. Alguna vez leí que los Peces Dorados eran de aquellos que podían crecer sin un compañero al lado, lo cual me pareció normal pues, como ya lo menciones, este es un fenómeno que no es exclusivo ni extraño entre las distintas especies.

Hace poco más de seis meses estimulé a mi hermana y su esposo para que tuvieran un acuario en su departamento, el cual está bellamente decorado. Siguiendo mis consejos logramos instalar una pecera de 45 litros y en ella depositamos dos peces dorados. El primero un Fantail anaranjado con un pequeño defecto en su boca el cual no detectamos en el momento de la compra, y el otro un espectacular Oranda Calico. El primero fue bautizado como JP y el segundo como Fabi. JP no resistió el ambiente de su nueva casa y ocho días más tarde empezó a tener problemas de vejiga natatoria que lo llevarían a la muerte, pese a los esfuerzos por salvarlo, mientras que su compañero también daba signos de no estar muy cómodo en el acuario, pero logró superar las adversidades que por lo general se fueron presentando.

Después de terminadas mis vacaciones, regresé junto con mi familia a casa y me mantuve en contacto con mi hermana para conocer como evolucionaba Fabi. Con el paso del tiempo supe que el pez estaba saludable pues el acuario ya estaba maduro, pero se le notaba lento, sin gracia y hasta deprimido. Siempre le recomendé a mi hermana y sus esposo (que es el encargado del mantenimiento), que estuvieran vigilantes a los valores del PH, el Cloro, dureza y otros aspectos que ya todos conocemos son indispensables controlar en el agua.

Pese a que todos lo hacían con diligencia y cuidado, la verdad es que el pez no era feliz. Hace poco menos de un mes decidí instalarme en la misma ciudad que mi hermana, aceptando una buena oferta laboral que me presentaron durante mi época de vacaciones allí.

Junto a mi familia llegaron mis chicos, los cuales resistieron valientemente 16 horas de camino antes de llegar a nuestro nuevo destino. Mientras hacíamos algunos arreglos para terminar nuestra nueva vivienda, tuvimos que poner nuestro acuario junto al de mi hermana. Quedaron unidos por una de las caras laterales y a qué no saben qué pasó? Fabi, desde el primer momento, se instaló a ese lado de su residencia para ver a sus nuevos vecinos. Los vecinos, a su vez, se detuvieron para mirar al chico que, solitario, les hacía gracias desde la pared comunal. Ese mismo día que llegamos, me llamó poderosamente la atención ver como todos mis peces se recostaron en ese sector. Especialmente uno de mis Moros, el cual no se movía, mientras que Fabi hacía lo propio. Parecía dos enamorados separados por los caprichos del destino. Mis peces retornaron a la normalidad, mientras que Fabi se mantenía inamovible cada día, a cada hora. No iba ni siquiera a buscar su alimento, sino que esperaba a que cayera para ir a buscarlo y luego regresar a la “pared de la fantasía” como la denominé.

Una semana después de haber llegado, nos mudamos a la nueva residencia, pero decidimos dejar el acuario como último elemento para ordenar, especialmente porque queríamos un lugar bien bonito donde se pudiera apreciar en nuestra sala, por lo que estuvo en el apartamento de mi hermana tres días más. En ese lapso de tiempo mi cuñado no resistió más la tristeza que mostraba su pez, y lo pasó a la pecera mía (previa aclimatación), donde hoy Fabi está pasando unas vacaciones inolvidables pues se le ve muy feliz.

Aprovechando que la grava del acuario de Fabi soltaba un poco de tinta azul, decidimos cambiarlo completamente y ahora está en proceso de maduración, mientras el Oranda Calico se divierte con sus nuevos amigos. Resulta entretenido verlo nadar. La alegría es evidente en sus movimientos, y mantiene acompañado permanentemente del pez Moro que seguramente observó por varios días a través del cristal.

Hoy Fabi es el primero en buscar la comida. Sube rápidamente y es el más activo de todo el grupo. Mantiene buscando comida en la grava y se destaca como el más coqueto del grupo cada vez que me paro al frente de ellos para ver como están (les tomó ventaja a Yim y Lady).

No se si los peces dorados nacieron para vivir solos por naturaleza, pero estoy seguro que hay ejemplares que no nacieron para vivir sin compañía, seguramente porque toda regla tiene su excepción.

En los próximos días Fabi tendrá que salir de mi acuario para regresar a su casa, pero ahora se encontrará con la sorpresa de que dos nuevos amigos estarán esperando por él. Tres peces dorados en 45 litros de agua no es lo ideal sostienen los expertos, pero mi hermana y su esposo están convencidos que tampoco es ideal tener un pez que al parecer no es feliz. Si yo sigo sosteniendo cinco ejemplares en 90 litros de agua, y se mantienen bien, se ven felices, porqué no darle la oportunidad a la naturaleza y a Fabi de mostrarnos la facilidad con la que nosotros nos equivocamos cuando queremos interpretar un reino animal tan extenso como indescifrable.




Mi nombre es Jairo y soy colombiano. Resido en la ciudad de New York desde hace 20 años, y aquí me gradué en periodismo, así como en producción de radio y televisión.

Actualmente trabajo escribiendo de manera independiente para varios medios del país (todo ellos en el mercado hispano) y en mi ciudad realizo labores periodísticas para la radio desde hace mucho tiempo. Soy especializado en deportes y más exactamente en fútbol, aunque mi experiencia me ayuda a manejar casi todos los frentes de la información.