Un joven caminaba siempre solitario por las calles sin rumbo fijo. Lo mismo era el norte que el
sur, el oriente o el occidente. Los amigos o familiares no existían en su ruta, mucho menos la
calidez de un hogar, pues había renunciado a él simplemente impulsado por la ceguera de la
inexperiencia.
Al llegar la noche, como siempre, tomó la opaca ruta que lo conduciría a un rincón improvisado que
por mucho tiempo le había servido de refugio. Sin embargo, esta vez su triste rutina tuvo un
ingrediente distinto ya que encontró un pequeño vaso de cristal en el cual se observaba un triste
pez dorado que al parecer había sido abandonado a su suerte.
El muchacho tomó al vaso y siguió su camino mientras contemplaba con curiosidad a su nuevo amigo.
Tras prender una lastimera fogata, el chico comió un mendrugo de pan y lanzó unas pocas migajas al pez que afanosamente las consumió. Después de pasar un par de horas mirando al firmamento y por momentos al vaso de cristal, el sueño empezó a transitar por sus pupilas hasta que finalmente lo venció. De repente sintió que una voz le llamaba intranquilamente.
-¡Oye! Tu...pshhhhhh, tu...mírame!
Los ojos del muchacho casi se salen de sus orbitas al ver como el pez dorado le hablaba con su
boca superando ligeramente la superficie del agua.
-¿Quién eres tu, qué quieres?, preguntó pálido de la sopresa.
-No era nadie, no era nada, pero ahora te tengo a ti y eso es muy valioso para mí. Ahora tengo
quien que cuide, me quiera, o por lo menos alguien que me regale una mirada, un poco de cariño.
-¿Y qué te hace sentir tan seguro que me voy a quedar contigo? De pronto mañana te arrojó a un río
y adiós.
-No lo creo. Ustedes los humanos necesitan siempre de un amigo, de alguien que los escuche y les
enseñe el camino que deben seguir. Necesitan compañía, no pueden vivir solos.
-¡Mentiras! Nosotros sí podemos vivir solos, mírame a mí...
-¿Y eres feliz ? ¿Acaso la soledad es todo lo que alguna vez soñaste? Querías libertad y por eso
renunciaste a tu familia. Siempre te molestó que tu papá y tu mamá controlaran tu tiempo, tu
espacio, pero nunca entendiste que solo procuraban evitar que te equivocaras, que te hicieras
daño; que alguien te fuera a lastimar. Porque a ustedes los humanos les cuesta tanto
entender que cuando se quiere se cuida, se cela, se
sufre por lo que le pueda pasar a esa persona amada. Si de verdad llegaras a quererme te aseguro
que empezarías a preocuparte por todo lo que me pudiera suceder. Soy un simple pez, pero por muy
sencillo que sea necesito cuidado, cariño, dedicación. Tal vez por eso estoy aquí, porque alguien
quiere que aprendas a respetar no sólo mi vida, sino la tuya.
-¿Qué me quieres decir?
-Que la vida es muy corta para desperdiciarla solo. Comparte con los tuyos, déjate querer,
cuidar. Aprende de mí. Nunca pierdas la ocasión de dar un beso, un abrazo, de decir te quiero.
Aprovecha lo tuyo mientras tienes la fortuna de hacerlo. No sean necio, tonto.
Cada vez que sientas que están rompiendo tus límites, habla, dialoga, aprovecha esa virtud que
tienen ustedes los seres inteligentes de comunicarse. Hay seres que vivimos solos por accidentes
de la naturaleza y no tenemos a quien reclamarle por nuestra soledad. Todos somos parte de un
ciclo, por eso debemos aprovechar al máximo el tiempo que éste dure...
Lentamente los ojos se fueron abriendo y una luz de claridad empezó a inundar el espíritu de este
caprichoso caballerito. Era navidad, una noche hermosa para compartir en familia, con los seres
amados y él estaba a punto de perderlo todo simplemente por torpeza. Era aquella noche donde el
corazón debe ampliarse para admitir nuestros errores y defectos, pero por encima de todo para
perdonar.
El chico se levantó y salió corriendo en busca de ese hogar que siempre había tenido, pero que
nunca había valorado. Tras correr varios metros se acordó del pez y regresó a buscarlo, pero ya no
estaba. Nunca supo sí de verdad existió o fue tan solo el llamado de su conciencia, o quizás esa
voz infinita que todos buscamos en los momentos de mayor angustia y tristeza. Tal vez fue solo
un sueño que resultó de su misma incapacidad de entender que el amor es más fuerte que el orgullo,
así sea el orgullo el que más espacio tenga en el corazón de una inmensa mayoría de la humanidad.
Para quienes todavía tienen la fortuna de sentir que hay un manantial de amor atrapado en su pecho
y están dispuestos a entregarlo, entonces que la voz de su conciencia los guíe por la ruta
adecuada, y que la luz del Ser Supremo siempre esté con ustedes y con los suyos. Feliz navidad.
Mi nombre es Jairo y soy colombiano. Resido en la ciudad de New York desde hace
20 años, y aquí me gradué en periodismo, así como en producción de radio y
televisión.
Actualmente trabajo escribiendo de manera independiente para varios medios del
país (todo ellos en el mercado hispano) y en mi ciudad realizo labores
periodísticas para la radio desde hace mucho tiempo. Soy especializado en
deportes y más exactamente en fútbol, aunque mi experiencia me ayuda a manejar
casi todos los frentes de la información.