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El manual del primerizo
Jairo (geniale)

TERCERA PARTE

Hace pocos días estuve visitando una tienda de animales, ubicándome, como siempre, en la sección destinada a los acuarios. Había en uno de ellos un Ranchu bellísimo y coqueto, el cual estuvo a punto de irse conmigo. Sin embargo controlé mis deseos y partí, mientras el chiquillo hacía todas las gracias posibles para conquistarme, sin saber que lo había conseguido.

Cinco Goldfish en 90 litros de agua son demasiados, cuando lo lógico sería un máximo de tres. Entonces pensé ¿para qué añadir uno más? Como primerizo caí una vez al meter diez Peces Dorados en 45 litros de agua (como me acuerdo de la chica que me aconsejó), pero después de ver todas las crisis que viví en las primeras 12 semanas, me prometí a mí mismo que hasta que no tuviera uno inmenso (estoy buscando uno de 200 litros), con capacidad para que todos se desarrollen normalmente, no tendría un pez más, y hasta el momento lo he cumplido. Aún sí alguno de mis chicos muriera hoy (cosa que espero no suceda), no pondré un solo ejemplar más que lo reemplace, a menos que esté por debajo del límite ideal. Es un pacto de honor.

Un acuario súper poblado y un desconocimiento total de cómo cuidar peces de agua fría, fue lo primero que entendí en el transcurso de una semana, cuando Fishy (un Celestial) murió 'misteriosamente', y una semana después Lady (una hermosa Oranda Red Cap) se me fue con una branquia reventada en mil pedazos. Qué horror. Luego que mis dos primeros ejemplares fallecieron, intenté evitar cualquier otro tipo de brote epidémico, medicando el acuario con cuanta medicina me recomendaban. Hubo picos altos que me hacía suponer que todo estaba bien, pero luego llegaron más "amigos" indeseables. Era inevitable.

En mi afanosa búsqueda de la pócima milagrosa, encontré una señora muy atenta que tiene su tienda para mascotas, la cual me ha orientado maravillosamente desde entonces (por eso no generalizo en cuanto a los vendedores). El mejor antecedente de mi nueva aliada, es que la tienda le pertenecía desde hacía mucho tiempo y no formaba parte de ninguna de las grandes cadenas, aparte de ser una romántica en el cuidado de los acuarios. Por eso, a pesar de quedarme retirado, la visito regularmente.

"Un acuario hospital" fue su primer consejo, pues me aseguró que con lo que tenía en casa iban a llegar muchas crisis, y no se equivocó. Por eso debo recomendarle a quien apenas llega, que por favor tenga en cuenta este término, así no sea otro acuario. Un recipiente especial que reúna las condiciones mínimas, estará bien siempre y cuando sea higiénicamente limpio y esté bien oxigenado mientras haya cuarentena.

Después de aceptar mi error involuntario, y de reconocer que mis peces no están dentro de los límites ideales, el compromiso es uno solo: multiplicar esfuerzos para que una nueva crisis no se dé, atendiendo un cuidado detallado sobre la calidad del agua. Aquí está mi plan de trabajo.

1-Al existir poco espacio y mucho habitante, se hace necesario aumentar la oxigenación del acuario y los puertos de purificación del agua, a los cuales llamaré depósitos de control en este relato. Por eso le añadí un filtro de cascada el cual, junto al filtro original, me dio la posibilidad de tener dos depósitos de carbón activado (para eliminar impurezas con mayor rapidez), un depósito de carbón orgánico para promover la salud de las bacterias amigas y dos esponjas de retención donde se almacenan las impurezas, que al final se convierte en una colonia de bacterias nitrificantes.

2- Con lo anterior, tengo la posibilidad de aumentar el flujo de oxígeno, pero a la vez hay un equilibrio a la hora de cambiar los filtros, pues lo hago de manera escalonada, para que el filtro biológico no se altere (siempre llevo un control por escrito)

3- Sabiendo que el PH cambia de un momento a otro, al punto que se pueden perder todos los ejemplares en unas horas, hago una prueba cada 48 horas, que tan solo me toma tres minutos, nada más. En mí caso siempre tiende a bajar, por lo que me toca añadirle unas gotas de activador "PH Up", o en su defecto, para crisis inmediatas, un poco de bicarbonato de soda.

4- Cada 48 horas evaluó los niveles de nitritos, para evitar sorpresas y captar sí los filtros están trabajando adecuadamente. Es decir, tres minutos más de tiempo. Existen algunos termómetros plásticos que se adhieren al acuario y te evitan el problema de realizar la prueba, sí es que a esto se le puede llamar problema. En caso de una crisis de amonia, es necesario cambiar el agua gradualmente (20%) diariamente, hasta que los tubos de ensayo muestren niveles aceptables (casi transparente el agua cuando se le añade el reactivo). Eso sí, hay que tener cuidado que los cambios de agua no alteren la temperatura de manera radical.

4- En condiciones "normales" (recuerden que estamos sobre poblados), hago un cambio parcial del 25% cada diez días, lo cual implica tres veces al mes. Cada dos añado un poco de sal marina, reseñando que no tengo plantas naturales que afectar. La sal me ayuda a evitar algún tipo de "invitado" indeseable.

5- Utilizo el sifón dos veces al mes. Generalmente en el primer y último cambio de agua, porque no me gusta que existan muchos residuos en el fondo. Además porque no comparto tener otro tipo de peces mezclados, cuando el espacio no es ideal. Sifonear y cambiar el agua, me toma 30 minutos. El cambio solamente 15. Es decir que en este "fatigoso" trabajo no gasto más de una hora y 15 minutos al mes. ¡Al mes, repito!

6- Alimento a mis peces dos veces al día. Les doy variedad en alimento fabricado (spirulina, Flakes, Camarones, gusanos secos etc), porque no les ha podido gustar la papilla. La ración es precisa en el horario y la cantidad: a las 8 de la mañana y 8 de la noche. Antes de darles su cuota, la muelo bien con mis dedos, pues entre más pequeña esté, más fácil la digieren. Muchos pueden creer que es poco porque los chicos parecen que no comieran nunca pero su desarrollo, coloración y calidad exterior, así como la actitud, me confirman que están bien. Para qué darles mucha comida, sí cuando están enfermos no la prueban. Prefiero verlos afanados en conquistarme por comer, y no enfermos por mi debilidad.

7- El último punto, aunque parezca curioso, es que por lo menos una vez a la semana me divierto jugando con ellos. ¿Jugando? Sí, jugando. Meto mi mano en el acuario y me delito tocándolos. Ellos se dejan, comen de mi mano, y no sienten el más mínimo temor. Me es tan fácil que parece increíble, especialmente porque los peces son muy esquivos por naturaleza. No sé sí esto servirá de algo, pero por lo menos a mí me relaja después de tanta actividad diaria, y siento que ellos no se molestan, al contrario.

No sé cuándo tendré el acuario que deseo por el momento (ya lo estoy mirando), pero mientras una serie de condiciones se dan para adquirirlo y ubicarlo, creo que la técnica que estoy implementando, así no estén en los manuales, me está dando buenos resultados. Por lo menos ya llevo muchos meses con un acuario madurado con sacrificio y sostenido con disciplina y responsabilidad. Para cuidar a los chicos no puede haber espacio para la pereza, eso sí que no señores.


Mi nombre es Jairo y soy colombiano. Resido en la ciudad de New York desde hace 20 años, y aquí me gradué en periodismo, así como en producción de radio y televisión.

Actualmente trabajo escribiendo de manera independiente para varios medios del país (todo ellos en el mercado hispano) y en mi ciudad realizo labores periodísticas para la radio desde hace mucho tiempo. Soy especializado en deportes y más exactamente en fútbol, aunque mi experiencia me ayuda a manejar casi todos los frentes de la información.