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¡Mi pez ganó un concurso!
Elena Cardo (Gaua)

Seguro que todos pensamos que nuestros peces son especiales, y aunque tengan sus "pequeños" defectos, serán perfectos según nuestro modo de ver. Yo no cambiaría a mis goldfish por ningún otro, simplemente, se les coge demasiado cariño, poquito a poco, mientras vemos cómo crecen. Yo quiero compartir con vosotros la inolvidable experiencia de participar con un pez en un concurso, y lo más emocionante, que finalmente fuera proclamado ganador.

Hace casi 2 años que me regalaron mi primer pez, un carassius común, de color naranja rojizo. Una tienda de animales en inauguración estaba obsequiando peces en la calle y cuando al acercarme, me pusieron entre las manos una bolsa de plástico con un asustado pececillo naranja, me dio lástima y no pude decirles que no: me hice la promesa de proporcionarle un buen hogar. A partir de ahí comenzó mi afición por la acuariofilia, y comencé a buscar toda la información que pude sobre el carassius. Fui cambiando de acuario pequeño, a uno grande, y ampliando la familia con 4 peces más.

En enero de 2003, mi padre, por asuntos laborales, tenía que viajar a Francia, a un pueblecito cerca de Bayona, a visitar a un compañero suyo. Este amigo conocía mi afición por los goldfish, y le comentó a mi padre que allí iba a tener lugar una exhibición-concurso de carassius, por lo que le sugirió que yo participara con uno de mis peces ... La idea me entusiasmó, y elegí a Sabri, un carassius común macho de 11 cm, y que además, según los estándares del concurso, tenía unas proporciones casi perfectas; ya que mis otros peces tienen pequeñas "imperfecciones" en la forma y en las aletas ...

El día en cuestión, el 18 de enero, viajamos por carretera unas 2 horas, con el pequeño Sabri en un acuarito de plástico de 10 l. El amigo de mi padre me prestó uno de sus acuarios de exhibición, ya que el mío era demasiado pequeño y no se ajustaba a lo exigido. También, sin querer desilusionarme, me comentó que para que un pez ganara en la categoría de la variedad común, debería ser de enorme calidad, y yo quedé un poco descorazonada al observar los otros 14 hermosos peces que competirían en esa misma categoría ...

Tenía miedo de que el viaje hubiera afectado demasiado al pobre Sabri, puesto que cuando lo pusimos en el acuario de exhibición, permaneció aletargado en el fondo. Sin embargo, cuando empezó a observar movimiento a su alrededor, comenzaron a despertarse sus ganas de nadar. Los miembros del jurado iban eliminando a los peces peor calificados; los tres ejemplares de mejor calidad pasarían a la final. Yo observaba atentamente sus evoluciones, y casi doy un salto de alegría al ver como colocaban en el acuario de Sabri el birlete de clasificado para la final.

En sus respectivos acuarios, los tres peces finalistas nadaban tranquilos, completamente ajenos a la importancia del momento. Mi pez, Sabri, se acercaba a los costados para curiosear a sus compañeros, un shubunkin y un común naranja. Él seguro ignoraba la atención que despertaba en ese momento, pero demostraba una gran vitalidad, mientras recorría su pequeño acuario con vigorosos movimientos de su aleta caudal.

Estupenda imagen en la cual se puede apreciar la hermosura de Sabri
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Yo estaba tan nerviosa siguiendo atentamente los movimientos de los miembros del jurado, que ni me había fijado en la cantidad de gente que se agolpaba a nuestro alrededor, intrigados por saber cuál sería el pez ganador. Para entonces, yo ya estaba tan nerviosa, que tardé en reaccionar cuando finalmente, uno de los jueces me extendió la mano en señal de felicitación.

¿Cómo? ¿Mi pez? Me temblaban las piernas, no supe qué decir: Merci, merci (además no sé mucho francés), mientras los otros acuariófilos me felicitaban y se acercaban a contemplar al galardonado, que seguía nadando, ignorante de lo que significaba eso. El amigo de mi padre me explicó que lo que más había valorado el jurado fue su increíble forma física y el bonito tono rojizo de sus escamas. El ver cómo por unos momentos mi pequeño goldfish era el objeto de una detallada atención, para mí supuso un momento verdaderamente emocionante, una experiencia inolvidable.

El concurso no era de gran importancia, ni siquiera el premio era en metálico, pero me sirvió para conocer a muchos aficionados a los carassius y observar ejemplares maravillosos, únicos por su belleza. Es una oportunidad maravillosa y una suerte el poder compartir con tanta gente esta maravillosa afición.

Elena C. (Gaua)


Elena Cardo conocida también bajo el nombre de Gaua, es moderadora del foro de discusión de Dr. Pez y cuenta con extensa experiencia en el cuidado del Goldfish. El presente artículo lo escribió a solicitud mía, y por ello le estoy profundamente agradecida :-)